El verano pone a prueba tu liderazgo: ¿tu empresa funciona cuando tú no estás?
Te ha pasado a ti o seguro que conoces a alguien a quien le ocurre. Llega agosto. Llevas meses esperando las vacaciones. Has cerrado proyectos, has terminado reuniones, has dejado todo preparado y, por fin, apagas el ordenador.
Y entonces pasa algo:
te duele la cabeza, te resfrías, estás agotada, duermes fatal o simplemente te encuentras mal.
Y piensas:
«¿Ahora? ¿Precisamente ahora que puedo descansar?»
Y es que hay una explicación bastante más interesante de todo esto.
Has estado funcionando durante meses en modo exigencia
Cuando eres empresaria, autónoma o estás al frente de un equipo, es fácil pasar semanas o meses funcionando con un nivel de exigencia muy alto.
- Reuniones.
- Decisiones.
- Problemas.
- Personas que dependen de ti.
- Pendientes que no terminan nunca.
Durante ese tiempo, tu cuerpo tiene que adaptarse a ese ritmo. El estrés activa mecanismos que nos ayudan a responder a las demandas: aumenta el estado de alerta, modifica nuestra atención y prepara al organismo para actuar.
El problema aparece cuando ese estado se mantiene durante demasiado tiempo. No puedes vivir permanentemente como si estuvieras apagando un incendio. Pero muchas personas lo hacen. Y se acostumbran.
Entonces llegan las vacaciones… y bajas el ritmo
Y aquí aparece la paradoja.
Cuando finalmente desaparecen las obligaciones, disminuye la presión y tienes permiso para descansar, tu cuerpo deja de estar sometido al mismo nivel de exigencia.
Es entonces cuando algunas personas empiezan a notar síntomas que ya estaban ahí, pero que habían pasado desapercibidos:
- cansancio extremo
- dolores de cabeza
- molestias digestivas
- tensión muscular
- alteraciones del sueño
- sensación de agotamiento
- síntomas de un resfriado o malestar general
Esto no significa que las vacaciones «provoquen» la enfermedad. Y tampoco significa que hayas estado enferma todo el tiempo y el estrés mágicamente lo haya ocultado.
Es más sencillo: el cambio brusco de ritmo puede hacer que prestes atención a señales que durante meses habías ignorado.
Hay algo que veo mucho en líderes
Durante el año suelo oír en mis sesiones:
«Estoy cansada, pero puedo con ello»
«Cuando lleguen las vacaciones descanso»
«Ahora no puedo parar»
Y siguen.
- Siguen cuando están agotadas.
- Siguen cuando duermen mal.
- Siguen cuando tienen dolores.
- Siguen cuando emocionalmente están al límite.
Hasta que llegan las vacaciones. Y de repente se dan cuenta de lo cansadas que estaban.
Por eso muchas veces no necesitas «aguantar hasta agosto».
Necesitas aprender a regular tu nivel de exigencia durante todo el año.
¿Por qué ocurre especialmente después de periodos de mucho estrés?
Porque el cuerpo no funciona con un interruptor de encendido y apagado.
No pasas de:
«Estoy al límite» → «Estoy completamente relajada» en cinco minutos.
Tu sistema necesita tiempo para ADAPTARSE. Y si llevas meses funcionando con mucha activación, es posible que los primeros días de vacaciones aparezca una sensación extraña: mucho sueño, cansancio, apatía, necesidad de estar sola o incluso cierta irritabilidad.
Y esto también es importante:
No siempre necesitas hacer más cosas para descansar.
A veces necesitas hacer menos. Muchísimo menos.
El error de convertir las vacaciones en otro proyecto
Esto es especialmente habitual entre empresarios y personas muy productivas. Llegan las vacaciones y quieren aprovecharlas al máximo:
- Viajar
- Hacer deporte
- Ver a todo el mundo
- Salir todos los días
- Visitar sitios
- Hacer planes.
Y cuando vuelven dicen: «Madre mía, si es que necesito otras vacaciones…»
Porque han cambiado el trabajo por una agenda de ocio. Pero descansar no consiste únicamente en no trabajar. También consiste en reducir la cantidad de decisiones, estímulos y exigencias que tienes que gestionar.
Una pregunta que te puede ayudar este verano
En lugar de preguntarte: «¿Qué quiero hacer en vacaciones?» prueba a preguntarte: «¿De qué necesito recuperarme?» Quizá necesitas dormir. Quizá necesitas estar sola. Quizá necesitas volver a ver a tus amigos. Quizá necesitas pasar tiempo con tus hijos sin mirar el teléfono. Quizá necesitas caminar sin escuchar ningún podcast. O simplemente necesitas tener una tarde sin ningún plan.
No hay una única forma correcta de descansar. Hay una forma que tu cuerpo y tu mente necesitan en este momento.
Y si siempre te pones mala cuando empiezan tus vacaciones… ¡NO LO IGNORES!
No significa necesariamente que estés sufriendo burnout ni que exista un problema de salud. Pero sí puede ser una oportunidad para preguntarte:
¿Cómo estoy viviendo los once meses anteriores?
Porque si necesitas llegar al 1 de agosto completamente destruida para permitirte parar, quizá el problema no sean tus vacaciones. Quizá necesites cambiar la forma en la que estás sosteniendo tu trabajo durante todo el año.
Y eso, especialmente cuando lideras una empresa, también forma parte del liderazgo.
Tu objetivo no debería ser aguantar hasta las vacaciones. Debería ser llegar a ellas sin necesitar recuperarte de ti misma.








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